Las tareas de la violencia

Ahora bien, como la realidad admite intermedios, gracias a los cuales las contradicciones son posibles y se sostienen, sosteniendo a la realidad misma, hay que reconocer que no se da nunca ni un estado de cosas absolutamente constructivo y estable, ni una permanente actividad destructiva que anula toda posible estabilidad. El acto violento, es, entonces, un acto presente al interior de un cierto estado construido, establecido, que goza de una cierta permanencia. Por eso tiene siempre ese carácter irruptivo, sorprendente, “inusual” aunque sea cada vez más común. La violencia no es, por sí misma, buena o mala, pues hemos visto que incluso manifestaciones en pro de valores que nuestra sociedad actual occidental considera “buenos” (i.e. la libertad) son violentas: buscan destruir, mediante la acción, un orden establecido que se presenta como “malo” (porque viola los derechos fundamentales, etc.)

Cristina Pérez Díaz (2011), “Las tareas de la violencia”